Pensar en empezar terapia suele venir acompañado de muchas preguntas. Y es normal: pedir ayuda en un espacio desconocido genera incertidumbre, especialmente cuando nunca antes has estado en proceso terapéutico.
Una de las dudas más frecuentes es: “¿Y si no tengo un problema lo bastante grave?”
La realidad es que no hace falta tocar fondo para acudir a terapia. No es necesario estar en crisis para merecer apoyo psicológico y todos los problemas que tengas son importantes, precisamente porque son lo que tú tienes en este momento.
Otra pregunta habitual es: “¿Y si no sé qué decir?”
No necesitas llegar con todo ordenado ni saber explicar perfectamente lo que te ocurre. Parte de mi trabajo terapéutico consiste precisamente en ayudarte a poner palabras a lo que aún no sabes nombrar.
También aparece mucho el miedo a “¿Y si me juzga?”
La terapia no es un espacio de juicio, sino de escucha, comprensión y acompañamiento profesional. El trabajo de las psicólogas/os es acompañarte desde la empatía profunda lo que nos implica comprender a las personas desde sus marcos de referencia (no desde los nuestros)
Otra duda frecuente es: “¿Y si no hago lo que me mandó para la siguiente sesión?” Eso también puede pasar. A veces se proponen tareas entre sesiones —aunque no todas las terapeutas las utilizan ni todas las personas las necesitan—, pero puede ocurrir que no te apetezca hacerlas, que no encuentres el momento, que te generen resistencia o simplemente que no encajen contigo.
Y no pasa nada.
No hacerlo no significa que estés fallando en terapia. Muchas veces esa dificultad también aporta información importante sobre tu momento vital, tus recursos disponibles o sobre si esa propuesta concreta era realmente útil para ti.
La terapia no consiste en “hacer deberes bien”, sino en comprender qué facilita y qué dificulta tu proceso. A veces, precisamente hablar de por qué no pudiste o no quisiste hacer una tarea puede ser más terapéutico que haberla completado
Y quizá una de las dudas más importantes: “¿Y si no conecto con la terapeuta?”
Eso también puede pasar. La alianza terapéutica es uno de los factores que más influye en la eficacia de la terapia, así que sentirte cómoda/o y segura/o con la profesional es fundamental. Si no ocurre, lo que recomendamos es buscar otra opción. Eso es legítimo.
Empezar terapia no exige tenerlo claro.
Solo exige reconocer que algo dentro de ti necesita ser escuchado.
Y muchas veces, esa ya es una forma muy valiente de empezar a cuidarte.
